6:05 am. Suena el despertador. Por costumbre siempre estoy listo,
al menso, un par de horas antes de que arranque cualquier
carrera. He quedado con Oscar a las 6.45 am para desayunar e
irnos tranquilamente a la salida. Me tomo casi medio litro de
batido de chocolate. Tengo sueño. Oigo a Oscar. Tras prepararme,
una foto con cara d mucho sueño. Oscar camino la salida va
pelando un par de manzanas. Yo llevo unos bizcochos con
chocolate. Esta vez no me pillan hambriento. llegamos a la salida
y ya hay un ambientazo importante. Música cañera. Estoy entre
acojonado, con frío y con sueño. tengo esa extraña sensación que
me embargaba antes de un examen en la Uni o antes de salir al
estrado con la toga, para defender un caso complicado. Hablo
con Oscar. Estoy con un pellizco con el estómago. No hay vuelta
atrás. A Oscar le da el apretón y mientras él se foguea, doy
unas carreritas para entrar en calor. Nos llaman para
pasar al ‘corralito’ y control de dorsales. Más nervios.
Quedan escasos minutos para salir. Nos llaman para tomar la
salida.
Joder qué putos nervios tengo. Es la carrera más larga de mi vida
y calculo que tardará entre 4 a 5 horas. En esos segundos antes
de la salida, recorro el perfil y sosiego mi espíritu. Falta
muchos kilómetros. Se da la salida. Estampida y el crono empieza
a correr como todo los casi 300 inscritos. Frente a nosotros
42 kilómetros de montaña.
Vamos cogiendo ritmo. Se habla, se comenta, se dice. Primeros
escarceos con el agua. Llegamos al primer avituallamiento porque
alguien dice, ¡después del río todo es parriba! Allá que me paro
y tomo las piernas naranjas y agua. Voy a ser disciplinado y no
voy a dejar pasar ni una. Si fallo que no sea por no beber o
alimentarme. Llegan las primeras paredes. Desde el km 5 hasta
arriba casi el 8, subimos hasta casi 1500 metros. Se oye que
hay que volver a pasar por esta subida otra vez. madre mía,
pienso. La segunda me muero. Mis piernas responden bien.
Estoy entrenado y preparado. Me siento fenomenal. Al tocar
arriba, bajada a tumba abierta. Pero no contamos con el
charquerío, agua, agua, barro, agua y más agua. Veo como otros
corredores se quitan las zapatillas para cruzar uno de los muchos
riachuelos que atravesamos. A mí me da igual. Al gua y que sea lo
que sea.
Nos meten por el nacimiento del Río Mundo. Brutal. Qué
paisajes. Increíble. me paro a tomar una foto. El espectáculo es
sensacional. El agua hace un ruido ensordecedor. Agua,
barro... agua, barro... En una de esas, resbalo y doy con mis
huesos en el suelo... blando. Me pongo de barro hasta las
trancas. menos mal que legamos a otro avituallamiento y allí me
puedo lavar bien las manos. Vuelvo a beber agua y tomar naranjas
que me saben a gloria. ES el km 17 aprox. y llevo casi dos horas
y media sin parar.
Vuelta a subir, otra vez, por el mismo lugar que antes. me pasa
el primer corredor de la media maratón que va como una puta moto.
Otros corredores nos adelantan. Subo mucho mejor que la primera
vez. Me sorprendo. Mis piernas van mejor que antes. El mismo
kilómetro 6 por ejemplo lo hago en 11:49 y el 18 lo hago en 8:19.
Voy mejor que en la primera vuelta. Flojeo más en el 18 y 19.
llego al 20 y nos queda lo más duro hasta lo más alto situado en
el km 24,77. La subida de estos kilómetros los hago a buen
ritmo. Nos cruzamos con corredores que han dado ya la vuelta en
el pico. Se ve nieve. Esto es un glaciar o lo fue. Piedras con
aristas cortantes. Ni un rastro de árboles. Charcos, agua. Y
subes hasta llegar a casi 1700m de altura. Las vistas son
increíbles. A escaso metros del pico, tomo otra foto. En ese
momento te sientes que vas a estalla de felicidad por haber
llegado hasta ahí arriba y apenas sentir si estás cansado.
Esto está hecho. Toca bajar prácticamente hasta el kilometro 34.
Son 10 kilómetros horrorosos con todo tipo de terreno, pedrolos,
barro, charcos, agua. El terreno está muy movido. En algunas
zonas me clavo hasta los tobillos. Mis zapatillas hace ya muchos
kilómetros que son de un rojo parduzco tipo boñiga de vaca. En
uno de los avituallamientos descubro los ‘orejones. Son muy
dulces., Me dan la vida. bebo. como manzana, naranja. tengo más
hambre que el que se perdió en la isla. En cada avituallamiento
bebo bastante agua, sin miedo, como y como. Al bajar se va
notando como sube la temperatura. Pillo algunos corredores, me
adelantan otros. Troncos, piedras, más barro. hay que tener mil
ojos porque el terreno resbala muchísimo. Al llegar casi al km 35
hay otro avituallamiento. Un señor nos dice que nos faltan apenas
8 kilómetros para llegar. Me siento bastante cansado pero al
oírlo,digo joder que ya estamos aquí. me acuerdo de lo que pasó
en San Sebastián cuando me clavé en el km 39. Por favor que no me
pase lo mismo, por favor, me decía. Al llegar al avituallamiento
me cargo de orejones. Bebo mucha agua. Practicamente los últimos
5 kilómetros vengo a un ritmo por debajo de 8 minutos. Estoy
bien. Me siento bien.
Sin embargo estaba por llegar el momento clave de la carrera. Nos
desvían a la izquierda y me encuentro de morros con una
pared descomunal. ‘No me jodas que hay que subir hasta ahí
arriba. por dios. Joder. me cago en la puta. Estamos a 5
kilómetros de la meta’. Todo eso me sale por la boca. me siento
morir. Se acabó la carrera para mí. No puedo subir.
En cuanto doy tres pasos, me resbalo. Tengo tirones en todos mis
músculos: gemelos, riñones, dedos de los pies –los llevo
congelados-. Me cago en la puta. Me agarro a un tronco. Joder.
Nos es justo. Esto no se hace a tan pocos kilómetros de la
llegada. Pero o subo o me muero. me coloco los brazos en jarra.
Tomo aire. Me relajo y me dicen a gritos: ‘da pasos pequeños
y no mires arriba’. Y así lo hago. Dos, tres, cuatro. me paro.,
Dos tres, cuatro.me paro. Otro. Vamos. Otra vez. venga. Me
adelanta el corredor paralímpico que está compitiendo en la
Media. Qué cojones. Qué tío más grande. Qué puto momento más
acojonante de ver como un tío al que le falta una pierna tira
como una mala bestia en una pared con un 80% de desnivel. Y lo
sigo. Sigo los gritos de los que van con él. me mareo. casi
pierdo el sentido. pero aguanto y toco por fin el
techo. Km 36,67. Las vistas son terribles. Una reguero
de tíos desparramados por esa pared. madre mía. Un cristo. No
siento las piernas. Así. tengo dos palos. me van a reventar.
Pero lo acojonante está por llegar. La bajada. la puta bajada. me
voy a matar. Mis piernas no responden. veo como corredores que
van delante de mi resbalan, se pegan costalazos, jamonazos...
pardiez que me toca a mi. Y en eso que veo un palo bien gordo que
no dudo en coger. El puñetero palo me ayuda a modo de bastón a
bajar. Ese kilómetro lo recorro en 31 minutos. Dios bendito. Al
llegar abajo me cruzo con Oscar que estba llegando la subida. le
digo, tío prepárate.
Al llegar de nuevo al avituallamiento, bebo bastante agua. Estoy
muerto. No llego. Joder que no voy a llegar. Qué angustia. bebo,
me relajo y como otra vez. me acuerdo de la manzana de San
Sebastián que aquel hombre me dio el e km 39 y que me salvó la
vida para llegar a meta. Me como dos trozos. por mis huevo que
llego. No me pasa otra vez. . Quedan 4 kilómetros. me recoloco la
ropa y me tira para abajo. los corredores con los que había hecho
los últimos kilómetros desaparecen ante mí. Y me tiro un buen
rato corriendo absolutamente solo. tan es así que creo que me he
perdido. Me paro. Miro por todo lados. Estoy metido en un bosque
y no tengo ni una sola referencia. Sigo las balizas pero no se
oye nada ni a nadie. me agobio. me angustio. Se me quita radical
el dolor de piernas. me entran ganas de llorar. Joder Fernando
que te has perdido. Joder. Qué mala suerte. Señor esto no me
puede pasar a mi. No me puede pasar. Voy a seguir un rato más y
si no veo a nadie me doy la vuelta. Estoy flipando. Hago
cálculos matemáticos para ver si mi cabeza está bien. Entre
multiplicaciones veo unas camisetas entre la maleza. Acelero. Son
senderistas y les pregunto que si por ahí va la carrera y una
chica me dice sí, que ya te queda poco, venga.
Coño, música celestial. Sigo corriendo aprieto. me cago en la
leche que voy a llegar. Voy por debajo de 7 minutos y sin querer
llego ala entrada del pueblo. me equivoco y me meto en una finca.
No es por aquí cojones. me doy la vuelta. Estoy aturdido pero
sigo sin la certeza de ir bien. pero unos metros más arriba ya
veo a gente de la organización. Sube por la acera a la derecha y
ya es la meta. me recorre un profundo escalofrío. Me engollipo.
me emociono.
Los has conseguido Fernando, lo has conseguido. Callejeo y al dar
la última curva a la izquierda, ahí está la meta, la música,
la family, los aplausos. Oigo gritos, dicen mi nombre. Yo sólo
quiero llegar. Quiero pasar la meta. Dicen mi nombre por
megafonía. Veo a Fernando, Alex, Rosa, Eugenia, Eva, Miguel,
todos gritan mi nombre. Subida de escaleras y meta. Abro mis
brazos y hago la llegada de Llévamepronto y paso el arco de meta.
Mi reloj marca 6 horas 26 minutos 34 segundos.
No puedo hablar. La emoción me tiene cogida la garganta. Lo he
conseguido. He cruzado la meta. he sufrido, pero he cumplido mi
objetivo, mi misión. He sido honesto con mi cuerpo, con la
montaña. He realizado y cumplido con honor un reto que jamás
nunca pensaría que volvería a hacer.
Tardé al menos otros diez minutos en recuperarme y poder hablar.
Cuando me senté, tras beber agua, coca cola y comer algo de
pasta, en silencio, rompí a llorar. No me preguntéis por qué. No
lo sé. Era dolor, emoción, orgullo, satisfacción.
Continuará...