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Alianza

viernes, 26 de enero del 2007 a las 12:49

Alianza

María jamás se olvidaba de recordar a Dulcenombre, cada mañana, la merienda que Carlos y Pericles debían llevar para poder sobrellevar, sin estragos, el ritmo adocenado de la jornada escolar, preñada con mensajes antibelicistas de profesores que presumían, como señoritas de ciudad, de progresía capitalista.

Paco, reacio a tener reuniones con aquellos “enseñantes” de teoría cuánticas vacías de números, vomitaba angustia cuando éstos se jactaban de mostrar a los niños que, la filosofía, se podía tocar. ¿Cómo? Trayendo, por ejemplo, una prostituta a la clase; -dejaron a sus alumnos que les tocaran los pechos- se reía. Ellos, los perfectos “adoctrinadores”, indicaban que era la mejor forma de enseñar qué es lo empírico. Las quejas sonoras de los padres invisibles en las vidas de los pupilos se encargaron de elevar aquella lección casi a niveles de cuestión de Estado .


Paco no pudo tocar aquellos pechos. Sin embargo, en la reunión de los titulares de la patria potestad, disfrutaba con la falsa moral de esos “perfectos” papás con pelos cortados a navaja y corbatas de colorines. Ellos, lo que más pechos de pago consumían gracias al oro cosido en las bandas magnéticas de las tarjetas que rellenaban sus carteras, ponían el grito en lo más alto del triángulo trinitario del cielo rasgado de la ciudad, pensando que sus hijos habían disfrutado, tanto como ellos, al rozar los duros pezones de Alianza.


- Así se llamaba la chica. La empírica representación del placer. ¡Mercenarios!- carraspea mirando a la encrucijada urbana que nace cada mañana bajo sus pies.


Carlos se lo comentó a Paco: “Hoy teníamos clase de Filosofía social y dentro del apartado de “Adaptación al medio” le he tocado los pechos a una chica. El Sr. Atienza nos la presentó. Intervino durante más de viente minutos para explicarnos el origen del empirismo. Cuando acabó él la miró realizando un sube y baja con sus párpados a la vez que movía su cabeza en una señal de ¿lista? Entonces ella se bajó el casquete rojo de su sujetador. Todos, uno a uno, fuimos acariciando sus pezones. Mira, su tarjeta”. Esa frase se la dijo una noche, sin anestesia, al calor de la tortilla recién liada.


Paco se aleja por un instante del frío de la mañana. Se ruboriza, primero; después abre el armario de sus carcajadas.


Pericles, entusiasmado con la fotografia que estaba viendo en la tarjeta, le pidió, casi mendigando, la oportunidad de poder gozar de aquellos relucientes pechos.


María jamás imaginó, porque su imaginación estaba llena de momentos vacíos, que Paco hiciera todo lo posible por concertar una cita en el lugar habitual donde trabajaba Alianza.


Una tarde de verano, quizá de finales de junio, Paco descolocado, desfigurado, descentrado, desternillado de risa al ver su propio reflejo en el río de sus miserias, llevó a Carlos y a Pericles a tocar aquellos pezones filosóficos. Recordaban hermosos, redondos y oscuros, a esos timbres que se colocaban a media altura en los laterales de las enormes puertas de las casas, ahora abandonadas, de su pueblo. A esos timbres, de niño, era complicado llegar. Esa tarde bien que llegaron los dos infantes. Tarde memorable. Tarde censurable. Trío de ases perdidos y encerrados entre los pechos de Alianza. Paco se vengaba de la sesión de moral social que recibió en la tarde en que todos los ocupados dejaron sus agendas anuales vacías por una hora.


Regresaron a casa en taxi. El conductor no cesaba de contemplar con el rabillo de su mirada ácida a Paco y los niños. El lugar de recogida era muy inadecuado para esos pasajeros. Paco ya no sentía obligación de dar explicación alguna. Estaba cansado de explicar lo inexplicable, de contar lo incontable, de perdonar lo imperdonable.


- Son 18 euros- dijo el maquinista.


María, ocupada, ordenada como siempre, ni tan siquiera recopiló los datos suficientes para saber que sus hijos habían estado aquella tarde calurosa en la casa adulterada por el dinero. Con las camisas verdes, decía Paco a los aprendices de realidad, se consigue que Alianza deje, todas las veces que sean económicamente viables, sonar sus timbres. Concierto para diagramas picudos sujetos a índices basculantes.

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Sobre este artículo

Fernando R. Ortega

Fernando R. Ortega escribió este artículo hace 6 años. Habla sobre alianza , carlos , maría , paco , pericles , prosa , relato , vagamundos .

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Comentarios

Rojo, red, roten (gerardo)
buen ritmo. saludos (hace 2 días)
Un sueño, realidad (Javitxu)
Que grande Fernando! Nos vemos en tres semanas en Madrid! Un abrazoooo (hace 6 días)
#gorunners (:))
:-) (hace 3 semanas)
Lecturas enlazadas: Día del libro en Jaén (jorge)
?BIBLIOTECA VISUAL ES UN SOFTWARE O PROGRAMA PARA GESTIONAR BIBLIOTECAS Y LIBRERÍAS EN WINDOWS Descarga desde:... (hace 3 semanas)
La mujer de la teta de oro (Fernando R. Ortega)
Grcs LunaGirl!!! (hace 1 mes)

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