Amar la superación (II)
viernes, 02 de diciembre del 2011 a las 16:40
Como decía, tras
levantarnos a las 6:45 de la mañana y habiendo cenado un platito
de tomate aliñado con un buen picual 'gota verde' nueva campaña
2011-2012, Pedro me obsequió antes de salir la habitación una
barrita de chocolate. Yo no paraba de beber agua y sentía que mi
rodilla izquierda me iba a dar problemas. Nos vestimos casi en un
silencio sepulcral. Al dejar la habitación le dije a Pedro que
necesitaba tomar un
café. Lo conseguí en una máquina de Nesspresso que había en el
hall del hotel. Confiaba que ese chute de cafeína y lo que
pillara por el camino era más que suficiente. Hacía un frío
importante. Nos habías emplazado las 8:15 bajo el escudo de
Anoeta. Hasta llegar al estadio iba analizando mi rodilla
izquierda. Tengo una tendinitis que me había tratado desde hace
un par de semanas provocadas por la última subida a Fuenfría a
ritmo dislocado.
Sin darnos cuenta estábamos
en la línea de salida: Pedro, Javi y Loren. Sabía que los dos
primeros saldrían como locos pero yo no podía seguir su ritmo
hasta que no viera cómo se portaba mi rodilla. Así que al
dar el pistoletazo de salida y oír a los AC/DC me puse a ritmo
con Loren buscando sensaciones en la primera vuelta al circuito
de 6 kms, Desde los 5:20 aprox del 1er kilómetro me di cuenta que
iba bajando paulatinamente el tiempo a cada kilómetro. A Pedro y
Javi los perdí de vista por delante y a Loren lo dejé por etrás a
los pocos kilómetros de arrancar.
La carrera transcurría
tranquila y veía que mi rodilla no daba problemas y yo cada vez
me sentía mejor. Las calles empezaban estar con mucha
gente. camino del km 20 al pasar por La Concha la primera vez
camino del polígono industrial empecé a sentirme eufórico.
Llegado al kilómetro 20 pillé a Pedro e hicimos juntos el
recorrido hasta pasar la segunda vez por Anoeta. Era el kilómetro
24. Cogí un buen ritmo e iba súperbien. llegué al 30 más que sobrado y
pensando que aquello ya estaba hecho, máxime cuando adelanté a
Javi en el km 32. Al pasar me dijo 'Fernando, ¡¡¡eres la
hostia!!!'. Eso supuso una inyección de moral terrible junto a
impacto visual que me supuso ir por delante de la liebre del 3.30
y muy cerquita de la de 3.15.
Sin embargo, tan confiado
iba, tan sobrado, que el famoso muro llegó en el kilómetro 37.
Comencé a sentirme desfallecer. Sin avisar. bajé el ritmo de
forma vertiginosa y a la altura del kilómetro 39, Pedro me pilló
en mi peor momento. Me llegué a parar pese a las voces de ánimo
de Pedro. No podía. Me había quedado literalmente sin gasolina.
Pop, pop, pop, pop... parado. Sentí escalofríos, pero me dije,
llego aunque sea andando. A Pedro lo perdí de vista en un
segundo. Creía morirme. me sentía mareado y mis piernas no
respondían. Llegué incluso a pensar que me iba a caer
desfallecido. El destino quiso que antes de pasar por
los puentes bajo la autovía de Anoeta hubiera un puesto de
avituallamiento y alguien me gritó: ¡come manzana que te hará
falta para los último metros! Le hice caso y cogí un trozo e
manzana que devoré como una auténtico perro rabioso. Estaba
muerto de hambre.
Un chispazo volvió a
encender mi cuerpo y arranque a correr. Me dejé llevar por la
multitud de corredores que me adelantaron hasta llegar a Anoeta y
ver la meta. Allí me esperaba Pedro. me fundí con él en un fuerte
abrazo, pero mi cuerpo y mi mente no estaban allí. Estaba como
colocado, como con una hartura de porros marihuaneros. Casi no
podía hablar y mi cara era de blandiblu. Al tirarme al suelo para
quitarme el chip, me
dije: de aquí no me levanto.
En el suelo, empecé a
recuperar y entrar de nuevo en mí. En ese momento fui consciente
de que había llegado a la meta y que lo había hecho por debajo de
los 3:30. Pedro había llegado 2 minutos antes, Loren se había
retirado y Javi ¿Y Javi?
Tras darnos las medallas,
agua, plátanos, etc, comencé a recuperarme y oímos los grito s de
Alberto en las gradas. ya sí fui consciente del triunfo y del
reto superado. Comencé a balbucear y a gritar algo que no era muy
coherente. Pedro estaba infinitamente mejor que yo y me devolvía
-con cariño- esos minutos que yo le había metido en la Media
de Somosierra.
Cuando acabé, pensé que
nunca volvería más a correr una carrera así. Pero ahora que
escribo esta segunda parte, tengo la sensanción de que volverá a
haber otra. Y no dentro de mucho tiempo.
Este viaje, esta carrera,
me ha dado mucho. Me ha dado amigos nuevos, me ha dado
sensaciones nuevas, me ha dado retos nuevos, me ha dado ilusiones
nuevas, me he dado un poco más de confianza en mi mismo... y
sobre todo, me ha dado la enorme satisfacción de hacerme
sentir que estoy vivo... y feliz.







