Ángel de la Morgue
Ángel de la Morgue, no me dejes sólo, nunca, ni de noche ni de día.
Asexúame para compartir alas blancas. No desearé ni al prójimo, ni a la próxima. Descansaré siete veces cada siete días y setenta veces siete cada hora. No habrá más eternidad que lápidas eunucas. Frígidas rajas en tumbas e historias para dormir eternamente.
Déjame ser chupado Ángel de la Morgue. Arriba o abajo. Sangre o semen. Rojo o blanco. No enseñaré ni mi estigma, ni mi cruz, ni mi cilicio que mortifica dulcemente las heridas por donde supuraba el deseo.
Ahora, mi Ángel, con ígnea espada, circuncida mi vida. Amén.
*Foto Kostya Zalesny

