Unas bragas asesinas
No era nada extraño que Jugger y Matt, la pareja del año, fue la encargada de aquel caso. El comisario Goldfegrund les había llamado por la mañana a su despacho. Sin apenas ofrecer muchos datos, les había dejado sobre la mesa unas extrañas bragas rojas. Afirmó: es el arma del crimen. Todos los cuerpos aparecidos sin vida en las últimas semanas tenían las mismas bragas -el mismo modelo, claro- introducidas en sus bocas. Ellos murieron por asfixia. ¡Asfixia metánica!
Jugger y Matt no daban crédito a aquella retahíla de datos. ¿Metánica? Sí, era un derivado especial del metano, el hidrocarburo alcano más sencillo. Al parecer la asesina, porque era evidente que era una mujer, introducía hojas de marihauna en su vagina y dejaba que se produjera su putrefacción anaeróbica. Elegido el siguiente objetivo, ella, se colocaba sus bragas rojas, quedando impregnadas con restos metánicos de la segregación vaginal producida por sus orgasmos. Era multiorgásmica y además, cuando asfixiaba a las víctimas, les dejaba restos de su fluido en los labios. Así la muerte era dulce pero segura.
Jugger y Matt, la pareja policial del año, era la que debía investigar los crímenes -hasta doce- de las bragas rojas. Era una tarea que, de llegar a buen puerto, los elevaría a los dos al rango de comisarios jefes, dejando de una vez por todas las calles de aquella ciudad repleta de miseria y ahora, además, con la presencia de una asesina en serie que se corría en las bragas para ahogar a sus víctimas. Todos hombres de entre 39 a 41 años, justo la edad que ambos tenían. Jugger, 40 y Matt 39.
¿Serían los próximos?
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Para la serie: ¿Qué se siente al morir unas cincuenta veces?
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