Cruce de caminos
Una y otra vez, esas rayas no dejan de subyugar la mirada del caminante. Caminante que busca salidas sin carril de deceleración para una dirección obligatoria. Y llega el cruce. La hora de elegir. Si es que hay opción.
La cruz... gamada, cristiana o de Caravaca. Tres cruces en el calvario. Mari Cruz desnuda y yo, crucificado, grito: ¡Padre! ¿por qué me has abandonado?
Uno, dos, tres... clavos, cuentas, paradas, estaciones o galones. Sangran mis manos, mi costado y la Cruz Roja acude en mi auxilio. Pero no era yo el agónico, sino el caminante. ¿Vidas paralelas o un cruce inesperado de papeles?
¿Cara o cruz? Elijo, pero perdí frente a él. Me imprimió su esvástica en la niña de mis ojos, mientras me dejaba su número tatuado en el antebrazo. ¿Cuento? ¿Para qué? Aunque llegue a cien perderé... y el caminante se cruzará, otra vez, en mi camino.
Por eso, sich ins Unvermeidliche schicken.
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