Des... metrada
Cuando subo al metro tengo la extraña sensanción de que navego entre turbulentas corrientes de aire. Nadie parece reparar en ello. Sin embargo, el que más se fija en mí, es el cieguito de la esquina de la parada de Milpies. Parece que no ve, pero mira.
Días atrás me dijo: Puedo acompañarte. Sé que pasas a diario por aquí.
No pude resistir aquella invitación. Guiar al cieguito por las entrañas de la ciudad, era una buena obra y además me permitía poner mi conciencia a cero. Y es que nosotras somos así. Algunas despistadas, otras descalzadas y la que más, o sea yo, des...metrada.
Siempre, incluso con el cieguito de mi brazo, aproveché para descansar en el vagón con dirección a Unpie. Aquel cieguito hizo que mi viaje, gracias a su tacto, fuera un verdadero viaje. Desde entonces no puedo evitar pensar en él y des... metrarme.




Comentarios
Nadie le enseñó a esta chica un poco de urbanidad?
Lo urbano aburre tanto que es mejor ser campera o asalvajada... ¿no?
¿Quien sabe del sentido y la dirección de la mirada perdida de un ciego?
Cuando por megafonía anuncian la próxima estación, justo ella, termina de anudar el cordón de su blusa. Con pesadez se levanta de su asiento y formando un arco, con sus largas piernas, sobre el regazo del cieguito, se inclina, alarga su cuello y ofrece un beso manchado de rojo carmín sobre su sudorosa frente
...luego...marcha con aire ansado.
Queda , el ciego con una medio-sonrisa en su boca y tras oír alejarse el taconeo, pasa su mano por la frente para recoger el color de ese beso, despues huele sus dedos...levanta sus gafas y se desplaza a la ventanilla para observar el cadente movimiento de la chica caminando por el andén de la estación ... como un leve murmullo pronuncia estas palabras :¡AHORA VA Y LO CASCAS!
Lo siento, no me podía resisitir.