Donde las calles no tienen nombre
Hubo una época en la que a los hombres se les ajusticiaba en la horca. Otra en la guillotina. Otra frente al paredón.
Sin embargo, llegó otra en la que los hombres libres decidieron no poner nombre a las calles porque peregrinaron al lugar donde crecía el árbol de Joshua. Allí, compartían su saber, sus emociones, sin esperar pago o reconocimiento de nadie; cabellos al viento sin gafas de colores; no había modedas de cambio y hasta pudieron componer una medolía de amor para toda una generación.




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