El rólex
Son las 9 de la noche. La redacción sólo presenta un lejano ruido de unidades informáticas encendidas. Laten como corazones de platino. Ahora es la moda. En vez de tabiques, corazones.
Los zíngaros del desierto hoy pasaron por aquí. Yasmina, su bailarina, cautivó a toda la oficina. Todos dejaron de trabajar. Batiatto se cambió varias veces de nariz. Todos dejamos de oler. Y ella, giraba, giraba y nos hacía girar a los que nos bañamos en unos extraños ojos azules. Alguien gritó desde el final del salón: ¡Esto no es Irlanda del Norte!
Desperté. Pese a estar en Babia, me habían ventilado mi rólex. No me sirvió de nada ir a Suiza a desengancharme. Todas las noches me chutaba jazmín en vena.
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Comentarios
Un ciclón de "surrealismo" de lo más gratificante.
Gracias Vito... son esos segundos inclasificables...
¡...las 9, que hora mágica!
Cuando todo lo del día está resuelto o aplazado a mañana... un momento para hacer replay de lo especial que tuvo el día..sobre todo si hubo danza..y mares azules....luego, una copa de vino y algo ligero de cena..... entiendo...yo tambien viví esa hora...con sutiles diferencias... ya que nunca tuve un rolex, puedo ir a Babia
cuando quiera... , los ojos donde me pierdo son marrones ...como la tierra y el jazmín a mí no me pone...esnifo aroma de tomillo...que refresca de narices... hasta la de Battiato.


Mi rólex es algo de la sinsoportable levedad del pasado que aún perdura... y me da la hora... y cuando marca las nueve, en este caso, de la noche, cuando todos piensan en ver el telediario y cenar, aquí, el que nunca descansa porque el cansancio es el pecado del alma, recurre a desempolvar sus rincones, abrir las ventanas, oler a jazmín y pensar que el verano, siempre, vuelve...