Diario IDEAL, 19 diciembre 2012
Se nos acaba el año 2012. Un año de ajustes, un año de corrupción
donde hemos visto pasar por el juzgado a miembros de la Casa
Real, a jueces, políticos, banqueros, empresarios... Es evidente
que nos hemos ganado a pulso ser uno de los países más corruptos
de Europa y que, además, unido a todo ello, somos de los más
ignorantes. Las generaciones actuales son imagen y semejanza de
nuestros dirigentes: nulidades intelectuales estructurales.
Pese a todo, creo que la racha llega a su fin. Tal vez esto
debería ser motivo de mi primera columna del año 13, pero me
adelanto y muestro mi optimismo respecto al segundo trimestre del
año que viene.
Mientras espero que llegue entonces el momento de cerrar año, el
día 26, y arrancar el año, el día 2, con sendas columnas de
resumen y deseos, este año 12 que está apunto de acabar, pasará a
la historia personal como el año en que me convencí un poco más
de los enormes valores que aporta y transmite el deporte.
En enero llevaré cuatro años metido de lleno en esto de ‘correr’.
Ya lo he hecho en casi todas las distancias. En asfalto y
montaña. En el 13 tocarán las 'ultra'. Un gran reto. Pero en todo
este tiempo no sólo he crecido como persona, sino que, además, he
ido conociendo a tanta gente, gente buena, sana, que hoy me
siento más fuerte, más respaldado, más entero y por tanto, más
optimista ante la realidad. Esta fuerza me la ha aportado el
deporte, sus valores y sobre todo, mis compañeros y amigos que
han reforzado todas esas buenas cosas que aporta el sufrir
juntos, disfrutar juntos, reír juntos, mojarse juntos, etc. Cada
vez me alegro más de aquella decisión que tomé justo cuando iba a
cumplir los 40. Hacer algo que supusiera un antes y un después en
mi vida. Y desde luego, así ha sido. Añadido a esto tengo la
enorme suerte de ver como mis hijos también aman, a su estilo, el
deporte. Este año ha sido el descubrimiento del rugby. Fernando,
a sus 14 años, no sólo ha encontrado ‘su’ deporte, sino que,
además, ha cubierto esa parte suya tan especial como es su
delicada 'autoestima'. Cada uno es como es y él es
particularmente tímido. Sin embargo, no sólo se crece en el campo
sino que muestra su fuerza física, envergadura, templanza y
madurez como enormes valores en el campo, lo que le ha supuesto
una rápida integración en su equipo y un plus de motivación jamás
antes conocido. El rugby, por si fuera poco, nos ha descubierto,
una vez más, los valores de trabajar en 'equipo'. Lo importante
de la coordinación, las líneas, el equilibrio, la fuerza, la
superación, la unidad, el respeto, la amistad, la consideración
del contrario y un sin fin de emocionantes y reconfortantes
valores tan necesarios hoy en día. Y todo esto genera
irremediablemente felicidad. Y esta felicidad, al menos, crea los
cimientos para ser y sentirse mejor persona, con uno mismo y con
los demás, afrontando de cara y sin complejos, todo lo que nos
rodea y dejándonos también en el quehacer diario, el pellejo por
sacar a los que nos rodean (hijos, amigos, empresas, proyectos,
carreras, etc,) adelante.
Y si por un segundo pensamos en que sumáramos todas estas
energías, todos estos valores, todos estos sinceros esfuerzos, lo
mismo hasta nos iba mucho mejor. Por eso me siento en este año
2012 muy feliz y afronto el 2013 con más felicidad y optimismo
aún. Creo que nos rodean personas que nos pueden aportar tanto
bien que hay que aprovecharlo y sumar. Sumar valores, sumar
emociones, sumar esfuerzos, sumar corazones.
La prensa ya nos muestra a diario justo todo lo contrario. Lo
bastardo, lo bizarro, lo corrupto... la nada.
Te invito a que reflexiones sobre todo esto y aproveches estos
días que se avecinan para compartir al máximo lo mejor de ti. Y
si practicas algún tipo de deporte, piensa en todo lo bueno que
te aporta y mételo en tu vida diaria. A mí y a los míos, nos está
funcionando como la mejor medicina. Sólo hace falta querer. Y
querer es poder.
Feliz Navidad