¡How I wish you were here!
Esas son las palabras, que acompañadas con música, vienen a decir algo así: ¡cómo me gustarías que estuvieses aquí! Simplemente "te echo de menos". Pink Floyd lo hacía bajo la batuta de Waters.
Esta canción se halla en el álbum del mismo nombre, semiconceptual, en el que la banda rinde tributo a Syd Barrett, quien había tenido que abandonarla a fines de los años 60 por sus problemas mentales.
Al final todos tenemos un rayita en nuestro cerebro que nos hace desbarrar, antes o después. Sin embargo, también llega la calma. ¿La calma de los cementerios? No, la calma de la cordura.
Llegamos a aburrirnos de ser cuerdos y terminamos para que nos aten con esa cuerda invisible, que los cuerdos, usan para ahorcarse. Cuerdas hechas con cuentas de pastillas rojas, azules, soma, visa y don perignon.
Un mundo feliz ... un mundo perfecto ... mientras, yo, te echo de menos...
Repito, una y otra vez, mientras Waters y Gilmour mueven sus psicotrópicas manos alrededor del micrófono y le sacan brilo a su diamante electrosinfónico...
How I wish, how I wish you were here!




Comentarios
querido fernando hay veces que me dejas fuera de juego , soy un poco torpe, no le he pillado, pero a mí me gustaría que estuviese aquí. Besos anónima de vagamundos
Al final lo que cuenta es que, seas como seas, andes donde andes,y te disfraces de tacón o de zapato plano, todos deseamos que algo (alguien) que estuvo aquí, o que estuvo allí pero con nosotros, vuelva a estarlo. Y es eso, tallado una y otra vez, lo que acaba colgandonos el collar de cuentas (rojas) del que hablas; para intentar rellenar de serotonina la plazita yerma que guardamos "por si se cumple", y de tanto desearlo, aquello llega a estar aquí, de nuevo.
Felicidades por el blog.
Diego M.