Ellas... más allá de nuestras fronteras
Sufro. Cuando las veo, sufro. Sinceramente. Verlas en este estado catatónico sujetas a versos satánicos me producen que las entrañas se me revuelvan y dude incluso de la naturaleza humana.
Aquí, ellas, tan ellas, tan mujeres, tan completas, tan persona.
Allí... más allá de nuestra fronteras ... simples cosas.
Desde Tarifa no hay más de dos kilómetros donde un sátrapa las conduce al cadalso o las apedrea por tomar el nombre de no sé qué dios en vano. Ellos las pueden repudiar y dejarlas tiradas como escoria en una montaña de excrementos mahometanos.
A menos de dos kilómetros... el sátrapa vive gracias tambiné a los zapateros remendones que le limpian con su lengua la chilaba y chupan por él, su cachimba llena de gotas de sangre de ellas.
Más allá de nuestra fronteras... ellas no existen. Las tapian, las empapelan, las descuartizan, las "desclitoran" y hasta las ignoran.
No hay peor desprecio que no hacer aprecio y eso, ellas, las de más allá de nuestras fronteras, bien que lo saben.
Aquí, ellas, debería acordarse más de las que sufren por no poder ser ellas.
Yo, lo hago.

