Naomi, Robin, Sienna...
Diario IDEAL, 15 febrero 2012
Hace muchas semanas que no escribo a estas horas brujas, entre inexistentes y furtivas. Cierto es que es la mejor hora para poner negro sobre blanco las aventuras y desventuras de un junta letras intoxicado por el devenir de cientos de mensajes que se cruzan por el infinito intangible de la Red. El efecto lavadora hará esta noche de las suyas. He prometido a @juanjaen que hoy iba a escribir sobre lo sexy que es leer o cómo fundiría en un artículo sexo, lectura y topless playero.
Pero no es nada difícil si uno se imagina por un segundo que, siendo ayer San Valentín, el diablillo de rojo viene y te 'enflecha' con sus dardos y quedas prendadamente enamorado de una joven que, de repente, en pleno parque de la Victoria – o como se llame ahora- , decide hacer topless. Y no es porque le dé un arrebato y muestre sus grandes motivos al personal, es que tras haber leído un lance entre dos amantes que se cruzaban en la estación de autobuses, y hacer el amor en los lavabos, no ha podido resistir un ataque de amor colectivo y desprenderse, pese al frío glacial, de toda la ropa que cubría su torso.
Ves Juan. Es fácil, borracho de noche, imaginar y escribir una breve historia que sería portada mañana en diario IDEAL.
Sin embargo, caro amigo, hoy, esta noche, pienso en esa musa, antes Calíope, y ahora extraña fusión de Naomi, Robin y Sienna, que enfundada y cubierta por una inmensa capa verde, se acercara para susurrarme al oído que, pese a su torcedura de tobillo, sigue pensando en mí, como yo, cada noche bruja, pienso en ella.
Tal vez desearía que, esta noche, una sola, con o sin eclipse de luna, perdiera esa capa verde ante mis paupérrimos ojos miopes y dejara ver, a la escasa luz de esta noche borracha, su nívea piel de niña mal amada. Mal amada por malos amantes que nunca supieron llevarla hasta donde ella bien podría ser coronada como la reina amante, por amor y por amar.
Esta noche, vísperas de los corazones rojos, que no rotos, es hora de dibujar en esta columna, un flechazo nacido al son de un 'riverboat' mientras apuraba un trago de cerveza de una botella verde, verde como su capa, verde como su desnudo, verde como mi deseo.
Y es en esta noche, noche de amantes, cuando en la soledad de este silencio impenitente nace la idea de una amante que naciera de tres deseos. Es noche de San Valentín que como la de San Juan invita a caminar con los pies desnudos por la orilla e nuestra vida, esperando que ella, en su bote marino, capa en mano y descalza, decide convertirse en la eterna amante, infalible, imbatible e incansable.
Pero de nuevo volvemos al bucle del escritor soñador. Del juntador de letras que esperaba que la chica del parque por fin se quitara la ropa con el objtivode cumplir una promesa adquirida en la nada de la Red. Nada por aquí, nada por allá. Es un verdadero juego de magia. De magos y magas. Con capas negras y capas verdes. Verdes como el color de sus manos al darle la última calada a un deseo formado por hojas puntiagudas. Como unas orejas, Como una nariz. Como el alma de Naomi, Robin y Sienna.
Un trozo de sus capas verdes para secar esta noche el sudor de un amante que espera. Y así, hasta el infinito y más allá.
Por eso me gusta esperar sentado en el banco de esta estación de autobuses.




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