Sientes por dentro que todos se van
Al final
todo se escapa;
nada ni nadie se aloja más allá de lo sentido
y me
desangro por los ojos
llenando la soledad que dura una
canción.
El silencio acompaña, al fin, estas
horas
escurridas a través de una manecillas agobiantes
y
descorazonadas porque saben que todos se van.
Todos nos
vamos,
somos transparentes;
fuimos recuerdos,
serán
lágrimas sobre unas lápidas invisibles
y en un sólo segundo las flores se
deshojarán
pensando que también yo estuve
y sin embargo, como las
horas, me fui.
He dejado ya aquí un rastro salado
como
el río de toda una vida que se aleja del mar
al que le pide a gritos
agónicos
que lo arrope entre viento, olas, con arena y
algas.
Me abandona la fuerza de mi
respiración
insuflando al futuro una imagen que jamás valdrá
más allá de una simple moneda que cae al suelo
o el de niño que llora
cuando rompe las cadenas
que une sus manos con la de su madre
y
solloza... mamá tú también te vas.
Vamos en fila, seguidos
unos de otros,
nos miramos: todos, ellos y nosotros, se van.




Comentarios
Hola! Me gusta mucho tu blog...!
pero... na...
solo un abrazo, un gusto leerte siempre
Sí, estamos condenados a marcharnos pero mi esperanza es que dejemos más huellas que sólo un rastro que pueda desaparecer con un golpe de mar. Quisiera dejar esa esencia íntegra de mi paso, un surco labrado donde siga germinando vida, donde haya un gesto, un acento, una mirada que les recuerde a mí. Aunque ... no sé si sólo eso será suficiente para que el tiempo -al pasar- no desgaste nuestro nombre.