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Si te dicen que emprendí

 

 

Si te dicen que emprendí. Porque no sé si lo que hice, lo hice por devoción o por convicción. Si te lo dicen es porque lo intenté. E intentarlo ya es una forma de emprender. ¿Un nuevo camino, una nueva vida, una nueva idea… o todo? Si te dicen que emprendí es porque un día no reconocí a mi reflejo, incluso aunque el agua que pisaba, me lo dijera. Si siguen diciendo que emprendí es porque el camino nunca es uno, de una sola dirección. Incluso siendo, puedes pararte, bajarte y hasta deshacerte. Porque, en verdad, emprender equivale a desmontarte por piezas y volverte a montar a miles de sueños de distancia. Esto se entiende y se comprende o, simplemente, se ignora. Porque te vuelves ignorante para tratar de saber a qué sabe ser sabio. Si oyes que emprendí es porque nací escapándome de mi propia sombra, no por huir, sino por marcar diferencias con una copia negra de mi ser. Porque las copias siempre son malas. Malas copias. Si te cuentan que emprendí es porque nunca conté que las cuentas no salen aunque cuentes cuentos contables. Las cuentas del rosario. Salir de cuentas. El cuento del barquero. Si oyes que emprendí es que no oíste bien porque yo no lo hago. Sordo de lógica te vuelves lógicamente ilógico. Y no hay más ilógico que emprender, ya sea un camino, una nota como ésta o una mecha. Porque las mechas se prenden. O se ponen. En el pelo, en las velas o en los cohetes. Y si un día te dicen que, efectivamente, emprendí, no te lo creas. Nada hay más mentiroso que un cuenta cuentos metido a emprendedor.

Photo: San Antonio (Texas)

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