Cuerda Larga: mítica y peligrosa

 TAGS:La Cuerda Larga es una de las rutas más míticas de la sierra madrileña que nos lleva desde el puerto de La Morcuera hasta la estación de Navacerrada, pasando entre otros por Loma de Pandasco (2238 m), Cabeza de Hierro Mayor (2383 m /segundo pico más alto del Sistema Central, sólo superado por Peñalara 2428 m) y la Bola del Mundo (2265 m).
 TAGS:Pedro Alvarez (@zampus) y yo ya la hicimos hace dos años, en septiembre de 2011. Pero cómo ha cambiado todo. En aquel septiembre donde invertimos 3 horas y 40 minutos éramos casi unos pipiolos en esto de la montaña. Por lo menos el que suscribe. Hoy, dos años después todo es diferente: sobre todo por nuestro estado de forma. Así como en 2011 acabé casi llorando de dolor por todo lo que sufrí, este año, lo único que me ha hecho sufrir han sido los millones de alfileres que se me han clavado en la piernas (eran los granizos que nos acompañaron desde  el alto de Cabeza de Hierro Mayor).
 TAGS:La tarde se presentaba tranquila. Sólo viento y riesgo de precipitaciones a partir de las 19.00 horas. Comenzamos la subida desde La Morcuera sobre las 15.30 horas. Un repechaco  inicial que te lleva desde los 1786 m a los 2107 m sin descanso. Desde el inicio nos dimos cuenta que el viento sería un compañero inseparable. El recorrido lo hicimos tranquilos y disfrutando de las vistas que siempre nos ofrece este recorrido: a la derecha Peñalara y la izquierda toda la Hoya de San Blas.
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Los kilómetros se acumulan y los metros de altura. Hay que seguir subiendo hasta los 2380 m, techo de este recorrido. Ambos íbamos muy concentrados y tapados ya que el viento iba siendo cada vez más frío. Conforme avanzábamos en nuestro recorrido empezamos a encontrarnos algunos neveros y lenguas de nieve que nos obligaban a cruzarlos con cuidado. Parábamos, alguna foto, agüita y almendras. Todo transcurría con cierta tranquilidad. El cielo comenzaba a nublarse con lo que la sensación térmica bajaba y cuando salía el sol notaba un regusto calentito que te recorría toda la espalda. El viento segúí soplando con muchísima fuerza. Pedro y yo apenas podíamos comunicarnos, salvo por gestos.
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La subida a Cabeza de Hierro Mayor empezó a complicarse. El cielo se cerró por completo y el viento era cada vez más gélido. Tuvimos que hacer una parada para colocarnos más prendas de abrigo y tomar algo de energía porque la sensación térmica era congeladora.
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Al coronar los 2380 metros, qué felicidad. Fotitos, banderaca de Llévamepronto, iloveaceite,  y la Bola del Mundo a la vista. Llevábamos 12 kms y las piernas estaba perfectas.
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Sin embargo la pesasilla no estaba nada más que apunto de empezar. El fortísimo viento del norte que soplaba, nos metió de elleno en una terribles ventisca de granizo que nos machaba la cara y a mi las piernas. La nieve ya no era una excepción y tuvimos que atravesar grandes zonas completamente cubiertas, y siguiendo el gps que llevaba Pedro porque perdíamos las señales, mojones e hitos que están el el camino.
La travesía se complicó y hubo tramos donde, por ejmplo en el kilómetro 13, atravesamos toda una ladera sobre nieve donde la tensión, el frío y el viento nos puso a prueba. Cada pisada tenía que ser firme y clavarse en la nieve. El temor era resbalar y caer por una zona donde los metros eran inacabables si mirabas a tu izquierda. En esos momentos yo fijé mi vista en mis pies y fui dando, uno a uno, pasos firmes hasta llegar a una zona de piedras que nos alivió la angustia de sufrir un accidente. Sin embargo la subida hasta el km 15, y los 2268 m, volvió a ser otro calvario. Apenas se veía y el viento soplaba de forma ensordecedora. Ambos íbamos aturdidos. No había piedras. Nada. Solo una enorme pendiente de nieve, sin señales, sin atisbo de saber qué había donde se acaba la vista. Seguíamos la señal GPS. Estábamos muy cerca de la Bola, pero la situación era infernal.
En esos momentos hay que mantener la calma y pensar que hay que salir de allí lo antes posible. Pedro y yo íbamos pegaditos, observándonos, vigilándonos. Al coronar, la sensación de desmoralización es terrible porque no se ve nada. Miras tu reloj. Llevas 15 kms y sabes que la Bola, está cerca. La sensación era muy angustiosa. Frío. La cara congelada y dolorida por el efecto del granizo. Las piernas, al rojo vivo por el efecto del frío y el constante azote del granizo, ya no las sentía. Pero seguían respondiendo a la perfección.
Otros tramo angustioso nos tocó en la bajada final antes de acometer la subida a la Bola. Los dos íbamos muy tocados de moral por toda la fatiga, sobre todo mental