Es imposible

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Diario IDEAL 22 febrero 2012

A veces, quizá con demasiada frecuencia, me planteo estar y quedarme al margen de nuestra realidad, de la realidad informativa, de la realidad social, de casi todas las realidades que me rodean. Pero es cierto que se convierte en un tarea no sólo ya imposible, sino manifiestamente irrealizable. La conexión con lo de ahí fuera cada día es mayor; dependemos más y más de lo que pasa a escasos metros nuestros. Ya hay radio locales, diarios locales, blogs locales, etc. y todo en Internet por lo que, aunque no quieras saber qué ocurre en tu remoto pueblo de la región de Alberta, es posible aunque sólo sea por curiosidad, saber qué acontece en tu municipio de 800 habitantes a 45º bajo cero. Y eso pues también pasa aquí.

Me prometí a comienzos de año que no me dejaría contaminar por el mal rollo colectivo que nos han dejado los sietes años de calamidades socialista, con su ‘pax sindical’. Que tampoco me dejaría llevar ni influir por los necesarios recortes y ajustes que el nuevo Gobierno del PP debería acometer tras la herencia envenenada recibida, como tampoco me afectaría, el resurgir como el ave fénix, del adormecido movimiento sindical que, a los escasos 40 días de toma de riendas de los peperos, iba a desperezarse después de tantos años durmiendo la siesta, acudiendo a cruceros de lujo, viajando en coches oficiales, comiendo en restaurantes de 5 tenedores, coleccionando relojes de lujo o disfrutando de unos impresionantes salarios que permitieran llevar a sus vástagos a los mejores colegios privados.

Nada de lo que he tratado de evitar ha sido posible esquivarlo. Cada día hay demasiados canales emitiendo información para, por mucho que uno lo intente, conseguir ignorar esta realidad que nos embarga. Por eso, creo, tampoco puedo al final evitar hablar de todo ello.

Sin embargo, en todo este jaleo siempre echo de menos en los medios de comunicación, la puesta en valor del esfuerzo, sacrificio, trabajo duro y renuncias a muchos placeres de miles de nanopymes, micropymes, miniempresas, profesionales, y autónomos que trabajan 365 días al año -o casi- y cuyas jornadas se extienden por encima de las 14 horas. Aquí la dicotomía es de corte marxista: el trabajador explotado y sin derechos gracias a un gobierno a las órdenes de Merkel (nuevo monstruo para la Izquierda española tras la ausencia de Bush Jr.) vs. el empresario explotador al que hay que aniquilar. Y eso es lo que se transmite día a día a la sociedad. Por eso está tan mal visto ser empresario en este país y el índice de emprendedores es de los más bajos de la UE. Aquí los sindicatos han ganado la batalla. Han dejado que la serpiente de su discurso anclado en 1917, cale lo suficientemente hondo para que los que nos esforzamos en crear algo de progreso y riqueza con muchas horas de trabajo, se nos considere casi excluidos sociales. Y no hay trabajo sin empresas, guste o no guste. Pero tampoco somos patronal ni empresarios que se juegan su patrimonio en mercados secundarios.

Por tanto se refuerza aún más la sensación de ser casi invisibles para la sociedad, ignorados para unos y objeto de exterminio para otros. Y pese a que no quería que nada de esto me pasara, me pasa. Y estas sensaciones cada día las siento y las noto más profundamente. Y eso te deja completamente exhausto y sin ganas de nada. Sólo con el deseo de tener la más mínima oportunidad y salir corriendo de este país, donde cada día, se destruyen miles de empleos porque no somos capaces de asumir que en pleno siglo XXI la reglas del juego son, afortunadamente, otras y que para poder jugar hay que ser un ciudadano de hoy, europeo, globalizado y no un ser resentido, anclado en el pasado y añorar situaciones o sistemas que históricamente han fracasado llevando a la muerte y a la miseria a millones de seres humanos.

No conozco a nadie que no desee vivir cómodamente. Todos sin excepción. Pero para disfrutar de este estado del bienestar hace falta aportar tanto a la caja desde donde se gestiona, que si no es con empresas y con trabajadores, no hay forma democrática, humana y digna de mantenerlo. Un país, un sistema, una economía basada sólo en el sector público ya sabemos a donde nos conduce.

Lo contó Orwell.